miércoles, 26 de agosto de 2009
Entre Asturias y Cantabria en moto
jueves, 7 de mayo de 2009
Viaje a la Cordillera Huayhuash, III
Excitados por el alboroto pero cansados por el viaje, nos vamos en taxi para el hotel Sipán, en el barrio bien de la city, Miraflores. El hotel, pequeño, posee unas habitaciones fabricadas en módulos de madera dispuestos en el patio ajardinado que hay en la parte posterior, en dos de las cuales nos alojamos.
Nos despertamos a las ocho de la mañana, tras haber dormido cuatro pedazo de horas y con el cuerpo aún no adaptado al horario local a consecuencia del jet-lag. Tras el desayuno continental —café y tostadas— servido amablemente en el pequeño comedor frente a la recepción del hotel, vamos al aeropuerto a recuperar los petates. Llegamos antes de las once, por lo que otros engabardinados empleados nos dicen que el vuelo proveniente de Caracas está al venir y que tengamos un poco de paciencia y esperemos. Afortunadamente recuperamos los tres bultos que faltaban. Un limeño que también sufrió la pérdida de su equipaje, nos comenta que "con Aeropostal siempre pasa lo mismo". Y cuánta razón tenía —como comprobamos al regreso a Madrid, cuando cuatro de los cinco equipajes tardaron casi una semana en retornar a sus dueños.
Volvemos al hotel a dejar nuestros sufridos petates para a continuación ir a la estación de autobuses Ormeño, donde compramos los billetes para Huaraz, ciudad situada a 400 kilómetros al norte de Lima, la Chamonix andina, punto de referencia y partida de toda la actividad montañera en la conocida y masificada Cordillera Blanca. Nos cuestan los billetes cincuenta soles (quince euros) por persona —el regreso lo haremos con la empresa Cruz del Sur, en los confortables asientos cama de un moderno autobús, al precio de cuarenta soles.
Comemos cerca de la estación de autobuses, en un restaurante humilde, acompañados por los encamisados empleados de un grande y moderno edificio de oficinas que está al lado; otros lo hacen en puestos ambulantes a pie de calle y con un coche por asiento. El american way of life campa por esta zona de la ciudad.
Después de comer, cogemos un taxi para visitar el centro histórico de Lima, la Plaza Mayor. En Perú, casi todas las plazas centrales o mayores de las ciudades se denominan 'Plaza de Armas' —aunque no sea el caso de Lima—, debido al uso militar que les dieron los españoles durante la época colonial. También cambiaron, de manera radical, la arquitectura, destruyendo el patrimonio autóctono y no teniendo en cuenta la alta actividad sísmica de la zona. Reasentaron a las comunidades andinas en nuevos centros urbanos, con el fin de tener controlada a la población, ubicados en lugares como confluencias de ríos, vulnerables frente a riadas y deslizamientos de tierras. La arquitectura incaica, cuidadosa con los emplazamientos y haciendo uso de materiales y técnicas de construcción que minimizaban los daños provocados por los terremotos, dio paso a una arquitectura colonial hispánica para nada adaptada a seísmos, con casas a veces de dos pisos y con pesados tejados, próximas unas a otras, alineadas en calles estrechas, ideales para sepultar personas en caso de derrumbamientos. Esto ha tenido devastadoras consecuencias hasta épocas recientes, como pasó con el terremoto de 1971, donde diez mil personas dejaron sus vidas aplastadas entre los escombros.
En un extremo de la plaza hay una estatua ecuestre de Francisco Pizarro —el que fundara la ciudad, también conocida como Ciudad de los Reyes, en 1535— y a otro lado, la Catedral, reconstruida tras el terremoto de 1746 sobre el edificio original de 1555. Aquí reposan los restos de Pizarro, el conquistador de Perú.
Vamos después a dar una vuelta alrededor de la plaza y nos sorprende la masiva presencia de policías en las calles. El camarero de un bar nos explica que tanta vigilancia es debida al aumento de la delincuencia por el desempleo.
Regresamos al hotel a recoger los petates para después ir a la estación de autobuses. Nos lleva un taxista muy simpático con el que nos reímos mucho. Según él, hay una relación entre la forma de pronunciar el gentilicio y la virilidad del que lo pronuncia. Así que, en broma, acordamos que a partir de ahora pronunciaremos “españoles” con voz ruda y profunda, no vaya a ser que alguno intente cogernos.
Sale el autobús a las diez y media y nos quedan por delante ocho horas de carretera y un puerto de 4100 metros de altitud que cruzar. Me dormiré al principio, pero después, en las numerosas curvas que permiten alcanzar el puerto, entraré en un duermevela pensando, primero, que el autobús va a despeñarse por el oscuro precipicio y segundo, que el mal de altura va a cogerme durmiendo desprevenido, asfixiándome indefenso en mi primer contacto con las elevaciones peruanas.
jueves, 26 de febrero de 2009
Viaje a la Cordillera Huayhuash, II
Aquí teneis la segunda entrega.
5 de agosto de 2002. 15:00h.
Partimos hacia Caracas en un Boeing 767/300, bimotor con capacidad para 263 personas que con el pasaje completo se dispone a cruzar el océano Atlántico.
La mañana ha transcurrido agitada desde que abandonáramos Getafe en el tren de Cercanías. Hay cierto grado de nerviosismo, natural para un primer viaje de estas características, pero que por otra parte se encargan de acrecentar Zoe y Pedro, que llegan tarde al aeropuerto y con el equipaje a medio empaquetar
Cuando estábamos a punto de pasar el control policial que da acceso a la zona de embarque, caímos en la cuenta de que portábamos armas blancas: tres navajas, dos cortaúñas, unas tijeras... Todo un arsenal con el que secuestrar el avión y que, por supuesto, no nos iban a dejar llevar en cabina, así que volvimos corriendo, con los nervios en aumento, a la taquilla de facturación para depositar todos los pinchos envueltos en el aislante de Zoe.
Raudos regresamos al control, que pasamos con los típicos contratiempos: hebillas metálicas, llaves, etc. Una dura agente de la Guardia Civil no les perdona a mis carretes de diapositivas una estimulante dosis de rayos X.
Una vez que accedimos a la zona de embarque, a las dos de la tarde, siguió aumentando la tensión: Pedro, que no se había traído los deberes hechos al aeropuerto, tuvo que ir a cambiar dinero, y Zoe se entretuvo más de lo necesario reorganizando su mochilita tras la revisión policial, de tan caótico que debió ser el estado en quedó su contenido. Entre una cosa y otra nos dieron las dos y media y en el instante en que por megafonía estaban dando el último aviso para nuestro vuelo entregábamos las tarjetas de embarque para acceder al avión.
Ya más calmados en la aeronave, que despega con media hora de retraso por esperar a unos pasajeros provenientes de otro avión —¡y para esto tanta carrera y tantos nervios!—, el Comandante nos informa que tenemos por delante ocho horas de vuelo hasta alcanzar Caracas. La mayor parte de ese tiempo discurrirá sobrevolando el océano Atlántico, ingente masa de agua oculta bajo un manto de nubes.
Enseguida nos sirven la comida y después la merienda, todo diminuto y excesivamente envuelto en bolsitas. Entre medias, lectura y charlas van amenizando el largo trayecto.
Llegamos a Caracas y al bajar por la escalerilla sentimos el roce de una calurosa humedad generada por las aguas del Mar Caribe. Aquí hemos de coger el avión que nos llevará a Lima.
En la sala de espera se percata Juan del olvido de un libro en el avión, precisamente el que Lara le recomendó y que yo le fui a comprar —y que debía tener ganas de quedarse a vivir en el continente que sus páginas describían, pues días después fue nueva y definitivamente extraviado en un autobús camino de Huaraz.
El nuevo despegue se suma a una lista que poco a poco irá en aumento, logrando que progresivamente nos habituemos a las desenfrenadas carreras por tierra de las aeronaves en busca de los cielos. El comandante informa que se hará escala en Guayaquil, segunda ciudad Ecuador y en la que se entrevistaron en 1822 el general argentino José de San Martín y Simón Bolívar para tratar sobre la liberación de, precisamente, Perú. Esta escala inesperada hace que se torne más largo el viaje.
Las azafatas de Aeropostal – Alas de Venezuela no son tan educadas como las de Air Europa. En cualquier caso, no trataremos mucho con ellas; la noche llega irremediablemente, a pesar de que el día ha alargado hoy su duración en seis horas, y con ella, el sueño.
lunes, 23 de febrero de 2009
Testimonio gráfico de la primera ascensión al Yordas
viernes, 20 de febrero de 2009
Los Gurus financieros se equivocan
El artículo manifiesta que la distribucion de probabilidad dada por la curva de campana (distribución normal o gaussiana), siendo seguramente útil para describir el comportamiento a corto plazo, no lo es para preveer los cambios grandes y/o a largo plazo. Esto, en sí mismo, no me resulta extraño, cada cosa sirve para una tarea. Ahora bien, cosa distinta es si hablamos de que los gurus dispongan o no (las evidencias parecen indicar lo segundo) de funciones de distribucion que modelen el comportamiento de los cambios grandes y/o a largo plazo. Y aquí es donde aparece Mandelbrot con su teoría fractal al rescate.
Pero creo que el objeto de discutir sobre este artículo no iba por los derroteros de "Gaussians vs. Fractalians" si no por los de que la economía es a veces inexplicable, que juega con nosotros y en ocasiones perdemos, y que parece haber otros que siempre ganan.
miércoles, 18 de febrero de 2009
Viaje a la Cordillera Huayhuash, I
Aunque se trata de un relato personal, no olvides que estamos en un blog y que, por ello, se admiten comentarios.

INTRODUCCIÓN
El presente relato es la crónica del viaje que realizaron cinco amigos, en el verano de 2002, a la Cordillera Huayhuash, en Perú. Aquel viaje, iniciático para algunos, se ideó con un deseo por viajar en busca del contacto próximo con la cultura y las gentes del país. Así, el estilo de viaje abordado fue el trekking, prescindiendo por tanto de un viaje organizado que pudiera diluir la experiencia y en el que te evitan todo el trabajo duro o ‘desagradable’, precisamente aquel que más trato te reporta con la gente del lugar.
El núcleo del grupo, iniciador de la aventura, estaba formado por Pedro, Lara e Iván, y de él manaban, especialmente de una persona, desatadas pasiones por descubrir, ver, recorrer la tierra de los indómitos seismiles y las sencillas gentes. No tuvieron dudas en afrontar el que es considerado como uno de los treks más espectaculares y duros del mundo, entre otras razones, por las altitudes máximas alcanzadas y la altitud media mantenida, así como por los días de permanencia en esas alturas.
Al trío inicial enseguida se le sumó Juan, que en principio dudaba de su capacidad para afrontar este reto físico —a pesar del traumático rito de iniciación que sufrió unos meses antes en el Macizo Central de los Picos de Europa—, pero al que unas palabras de aliento le infundieron la confianza necesaria. Y por último, gracias a Juan, se incorporó al grupo Zoe, una compañera del club de montaña, que consiguió en el último momento vacaciones para todo el mes de agosto, gracias a lo cual no se hizo necesario acortar nuestra estancia en las tierras andinas.
La idea inicial era visitar la conocida Cordillera Blanca, cuna del Nevado Huascarán, pero contemplando un viejo mapa vi que al sur-este se encontraba una cordillera de misterioso nombre, Huayhuash. La curosidad tornó nuestros destinos.
De menor tamaño que su hermana mayor la Cordillera Blanca, la Cordillera Huayhuash es un concentrado de seismiles poco ascendidos debido a su dificultad técnica y aislamiento, que tienen a sus pies largas quebradas cubiertas de hierba, la llamada puna, y en donde las enormes lagunas glaciares de color turquesa recogen las aguas que manan de los hielos perpetuos para alimentar, corriente abajo, ancestrales pueblos de adobe cuyos únicos medios de acceso siguen siendo hoy los senderos de montaña, que pueden recorrerse en una larga jornada si la falta de oxígeno no refrena al ímpetu. Es precisamente este aislamiento del exterior lo que ha mantenido a esta cordillera en un buen estado de conservación, como también ha mantenido el espíritu noble y el carácter afable de sus pobladores. Y es este aislamiento el que implica cierto grado de compromiso cuando uno se adentra en ella.
Esa situación de inaccesibilidad e incomunicación fue la que permitió durante años que la Cordillera Huayhuash fuera uno de los refugios del grupo terrorista maoísta Sendero Luminoso. No fue hasta 1992 cuando las autoridades dieron caza a su líder, Abimael Guzmán, y hasta 1995 cuando pacificaron la zona oficialmente. A pesar de los siete años transcurridos desde entonces, me producía cierto reparo el viajar a un lugar en el que consideraba posible la existencia de simpatizantes del supuestamente extinguido grupo. La “Comisión de la Verdad y la Reconciliación”, creada para esclarecer los trágicos hechos acaecidos entre 1980 y 2000 en Perú, fruto de la tremenda violencia política que sufrió el país en aquella época y entre los que abundaron asesinatos, secuestros y torturas, responsabiliza al mencionado grupo de más de treinta mil muertes.
Si bien la preocupación anterior podía ser infundada, no lo fue tanto la que nos causó la existencia de una ola de frío de origen antártico que azotó la región central y sur de Perú a comienzos de julio, con un repunte menor a mediados de mes, durante la que se llegaron a registrar temperaturas de 20 grados bajo cero en alturas en torno a los cuatro mil metros. Aunque Huayhuash estuviera al noroeste de allí, lo cierto es que dirigirnos a una región montañosa que podría fácilmente verse debajo de los gélidos vientos a poco que la dirección de éstos cambiasen y en la que una vez adentrados no estaríamos nunca por debajo de cuatro mil doscientos metros de altitud a lo largo de catorce días, hizo que estuviéramos pendientes de la evolución de esta desagradable y peligrosa inclemencia meteorológica, que se cobró el fúnebre saldo de cincuenta y nueve personas fallecidas, y que nos pertrecháramos para el frío con especial atención.
Aislamiento y altitud, orografía y clima, se combinaron finalmente en justa medida para dar lugar a la magia de la Cordillera Huayhuash, ésa que nosotros pudimos gozar en agosto de 2002 y que ahora me dispongo a compartir.
martes, 17 de febrero de 2009
Sobre la violencia
Para cometer un asesinato de estas características, el agresor creo que no es consciente del acto que está ejecutando. Es inconsciente en la literalidad del término: guiado por impulsos reprimidos (que habría que analizar) y privado del más mínimo sentido de sus actos (irracionalidad) comete un delito sin tener en cuenta el alcance del mismo (ni siquiera para sí, ya no hablemos para los otros). ¿Cómo es posible esto? Puedo aceptar lo del impulso reprimido, pero obrar sin sentido y, sobre todo, sin valorar el alcance y dimensión de los propios actos, es algo que no llego a entender. Porque no corresponde tal actitud a la de un ser racional, como suponemos es el ser humano. ¿Cómo es posible matar a una persona en esas condiciones? ¿Cómo no se respeta la vida del otro? ¿Cómo no se considera el tremendo dolor infringido a padres, familiares, amigos? Y ¿cómo el agresor actúa sin tener en cuenta que está arruinando su propia vida para siempre, que permanecerá encarcelado muchos años y que, aún cuando se reincorpore a la sociedad, permanecerá justamente estigmatizado de por vida? Sólo me lo explico desde la mencionada irracionalidad. Llegados a este punto hay que preguntarse cómo un individuo puede obrar sin el ejercicio de la razón y sin evaluar el alcance de sus actos. Lo primero seguramente sea difícil de analizar, pero a lo segundo quizá pueda darse la siguiente respuesta: no evalúa el alcance de sus actos porque no ha aprendido a valorar situaciones, a analizar causas y concluir consecuencias. No se ha visto nunca en la situación de tener que tomar decisiones trascendentes y asumirlas. Nunca antes afrontó consecuencias gravosas merecidas. En su incompleto desarrollo como persona, no ha asimilado el concepto de bien y mal –o quizá sólo el de bien, bien para él mismo, claro-, de correcto e incorrecto, de justo e injusto, no se ha forjado un concepto de lo ético y lo moral. Lo ha tenido siempre todo y apenas se le ha exigido nunca nada. Pedirle a una persona, y más a un joven, que se forje él mismo estos valores es posiblemente demasiado y, por ello, seguramente inútil. Pero no habría que recurrir a esto si, como parece que fue en otros momentos, se le formara durante su etapa de desarrollo haciéndole atender al orden de las cosas y del mundo, respetando a los otros y sus derechos, acatando las reglas establecidas y cumpliendo con sus obligaciones, aceptando la autoridad de determinadas personas e instituciones, inculcándole una cultura del esfuerzo y del trabajo tal que le posibilite la percepción del ‘coste’ de las cosas.
Y ¿no es esto así? Parece que algo falla o está ausente en esta infortunada obra, los actores, el escenario, o el regidor.
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Carta publicada con el título "Desmesurada violencia irracional" en el diario Estrella Digital el 19-2-2009
El valle de La Puebla en peligro
El Nuevo Mundo virtual: Un espacio en blanco en la historia de la Humanidad.
Proyecto KEEP: http://www.madrimasd.org/informacionidi/noticias/noticia.asp?id=38215&origen=notiweb
viernes, 13 de febrero de 2009
Globalización ultraliberal
…los expoliadores se hicieron con el poder real y casi omnipotente y omnipresente en todos los ámbitos de la vida real, poniendo al Estado a su servicio, y poniendo a su servicio también la revolución tecnológica y la brutal maquinaria de propaganda que ésta posibilita. Con ello, al final, conscientemente o no, casi todos hemos internalizado los valores de este nuevo capitalismo explotador y expoliador, obsceno y totalitario: individualismo profundo, egoísmo feroz y brutal competición de todos contra todos. Se impuso la ley de la jungla y se fueron eliminando todos los sistemas de vigilancia y de regulación que tradicionalmente el propio capitalismo había ido instituyendo para salvaguardar sus propios intereses a largo plazo. Eso ha sido en esencia, y en eso ha consistido la globalización ultraliberal, sólo que el salvajismo de sus medidas amenazan ahora con terminar con el propio sistema capitalista, precisamente por haber eliminado esos sistemas de vigilancia y de regulación La quiebra total del actual sistema capitalista, más financiero que de producción, más virtual que real y, a la vez, más injusto y explotador de lo que nunca lo fue en el pasado cualquier otra fase del capitalismo. Y ahora tenemos que ser nosotros los que remendemos el saco. Y lo vamos a hacer sin demasiadas resistencias, porque hemos internalizado sus valores y su ideología, habiendo aceptado acríticamente el llamado “pensamiento único”. En definitiva, ahora mismo se están dando las condiciones ideales para que esos expoliados del planeta tomen las riendas del mundo y se constituyan en los dueños de sus vidas y de sus destinos. Pero me temo que, una vez más, los trabajadores de Occidente prefieran mirar para otro lado y estar tan contentos con las medidas tomadas; temblamos sólo con pensar que puedan arruinarse los bancos y, con ellos, nuestros planes de pensiones."
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Extractado del artículo "¿Qué será de la globalización ultraliberal?" de Anastasio Ovejero, publicado en Rojo y Negro en noviembre de 2008.
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Quizá pueda no estarse de acuerdo con las causas motivantes esbozadas en este artículo, pero creo que son claros los síntomas que muestra nuestra sociedad actual: individualismo, egoísmo, competitividad.
Dejadme unir los dos conceptos para daros mi definición del egoísmo-individualista: posicionamiento existencial irracional por el cual sólo pensamos en lo propio, descuidando al otro y a lo común, obrando mezquinamente independientes en lo pequeño pero vergonzantemente dependientes en lo esencial.
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