jueves, 26 de febrero de 2009

Viaje a la Cordillera Huayhuash, II

Aquí teneis la segunda entrega.

5 de agosto de 2002. 15:00h.
Partimos hacia Caracas en un Boeing 767/300, bimotor con capacidad para 263 personas que con el pasaje completo se dispone a cruzar el océano Atlántico.
La mañana ha transcurrido agitada desde que abandonáramos Getafe en el tren de Cercanías. Hay cierto grado de nerviosismo, natural para un primer viaje de estas características, pero que por otra parte se encargan de acrecentar Zoe y Pedro, que llegan tarde al aeropuerto y con el equipaje a medio empaquetar
Cuando estábamos a punto de pasar el control policial que da acceso a la zona de embarque, caímos en la cuenta de que portábamos armas blancas: tres navajas, dos cortaúñas, unas tijeras... Todo un arsenal con el que secuestrar el avión y que, por supuesto, no nos iban a dejar llevar en cabina, así que volvimos corriendo, con los nervios en aumento, a la taquilla de facturación para depositar todos los pinchos envueltos en el aislante de Zoe.
Raudos regresamos al control, que pasamos con los típicos contratiempos: hebillas metálicas, llaves, etc. Una dura agente de la Guardia Civil no les perdona a mis carretes de diapositivas una estimulante dosis de rayos X.
Una vez que accedimos a la zona de embarque, a las dos de la tarde, siguió aumentando la tensión: Pedro, que no se había traído los deberes hechos al aeropuerto, tuvo que ir a cambiar dinero, y Zoe se entretuvo más de lo necesario reorganizando su mochilita tras la revisión policial, de tan caótico que debió ser el estado en quedó su contenido. Entre una cosa y otra nos dieron las dos y media y en el instante en que por megafonía estaban dando el último aviso para nuestro vuelo entregábamos las tarjetas de embarque para acceder al avión.
Ya más calmados en la aeronave, que despega con media hora de retraso por esperar a unos pasajeros provenientes de otro avión —¡y para esto tanta carrera y tantos nervios!—, el Comandante nos informa que tenemos por delante ocho horas de vuelo hasta alcanzar Caracas. La mayor parte de ese tiempo discurrirá sobrevolando el océano Atlántico, ingente masa de agua oculta bajo un manto de nubes.
Enseguida nos sirven la comida y después la merienda, todo diminuto y excesivamente envuelto en bolsitas. Entre medias, lectura y charlas van amenizando el largo trayecto.
Llegamos a Caracas y al bajar por la escalerilla sentimos el roce de una calurosa humedad generada por las aguas del Mar Caribe. Aquí hemos de coger el avión que nos llevará a Lima.
En la sala de espera se percata Juan del olvido de un libro en el avión, precisamente el que Lara le recomendó y que yo le fui a comprar —y que debía tener ganas de quedarse a vivir en el continente que sus páginas describían, pues días después fue nueva y definitivamente extraviado en un autobús camino de Huaraz.
El nuevo despegue se suma a una lista que poco a poco irá en aumento, logrando que progresivamente nos habituemos a las desenfrenadas carreras por tierra de las aeronaves en busca de los cielos. El comandante informa que se hará escala en Guayaquil, segunda ciudad Ecuador y en la que se entrevistaron en 1822 el general argentino José de San Martín y Simón Bolívar para tratar sobre la liberación de, precisamente, Perú. Esta escala inesperada hace que se torne más largo el viaje.
Las azafatas de Aeropostal – Alas de Venezuela no son tan educadas como las de Air Europa. En cualquier caso, no trataremos mucho con ellas; la noche llega irremediablemente, a pesar de que el día ha alargado hoy su duración en seis horas, y con ella, el sueño.

lunes, 23 de febrero de 2009

Testimonio gráfico de la primera ascensión al Yordas

En este enlace podéis ver un artículo de una antigua revista de viajes en el que se describe la primera ascensión al pico Yordas, hace 101 años... A mí me ha llamado mucho la atención, ¿a tí también?